Un día de MONTERÍA, habitualmente, más o menos, se desarrolla así:

Si la montería se hace en Tartaréu, Placido Forcat casi siempre, será el primero en llegar al bar social. A veces, entra primero Miguelet. Los recibe Manel quien les pregunta que les apetece desayunar o tomar. Hay buenos comensales. Sentados en la misma mesa, comienzan a hablar de las posibilidades de las distintas zona. Pronto se irán incorporando a esa mesa otros cazadores (Paco Gamero, Ton el “Romano”, Banzo, Solsona, Manolo Pereira, …), hasta que no caben más en la mesa. Alrededor de las 8 horas empiezan a llegar la mayoría. Se saludan entre ellos y, bastantes, optan por desayunar (Huevos fritos con bacom, huevos fritos con panceta u butifarra, longaniza a la brasa y cualquier otra cosa “baja” en colesterol. Otros se conforman con un cortado y una copita mientras esperan, dado que, estos, los menos glotones, se llevan un bocadillo al puesto.

A las 8,10 horas el bullicio es palpable. Todos preguntan ¿Hoy donde cazamo?. No obtienen respuesta. Primero hay que saber el número de monteros, cuantas rehalas de perros hay y donde se han visto más rastros. Nadie se impacienta.

A las 8,15 horas, más o menos, Paco Gamero tira de lista y recuenta los que están presentes. Pide ayuda. Paralelamente; algún voluntario, entrega un papelito a cada uno de los que llevan coche para que anoten cuantos irán con él en dicho coche. Esto sirve para hacer el sorteo de las paradas y evitar que los que van en un mismo coche les toquen puntos dispares en el sorteo. Un buen rato después, se sigue sin saber el número total de los que van a participar en la montería ni, posiblemente, el cazadero. Empiezan a llegar los perreros. A partir de aquí se define el cazadero.

Una vez decidido el cazadero, se definen las líneas, o armadas, y a partir de aquí, quienes serán los colocadores de todas las paradas de cada línea. Una vez se sabe el número de puestos de cada línea o armada, se procede al sorteo. Previamente, los coches donde van los colocadores, se apartan del resto. Se da comienzo al sorteo, cogiendo, una mano “inocente”, un papelito correspondiente a los colocadores. Ya tendremos una línea que tiene un determinado número de puestos. Otra mano inocente va cogiendo papelitos de los que no son postores (Donde se van anotando el número de puestos de menor a mayor), hasta completar el número de puestos de la línea o armada. Se vuelve a reptir la acción tantas veces como líneas tenga la cacería. Normalmente no más de 4 o 5. Una vez llegados a este punto, algunos caen en una latente desorientación. No se han enterado con quien le ha tocado. Finalmente, cuando se les indica que consulten a los 4 o 5 colocadores terminan sabiendo por donde irán y, a buen seguro, el próximo día volverá a desayunar como hoy y, ya se enterará, donde y con quien le toca.

Por fin se ponen en marcha los “todo terrenos” y en perfecta carabana se van distribuyendo por la montaña. Los posteres van dejando a cada uno en el sitio que le tocó en el coche que lo trasladó. En un tiempo de alrededor de 45 minutos, culmina la colocacion de los puestos. Es la hora de la verdad. A través de las emisoras, los colocadores informan al responsable del coto, o de la cacería, que el proceso de colocación de paradas ha concluido. Este, informa a los perreros de que pueden empezar. Ellos han utilizado este tiempo colocando collares y radiotransmisores a los perros. Por fin sueltan los perros en distintos puntos del cazazadero escogido extrategicamente, Los ladridos de los perros retumban en la montaña. Los monteros, centran sus cinco sentidos en la montería. Especialmente el oído y la vista. Ya han escogido el mejor sitio de su puesto para poder responder con garantías cualquier lance que se le presente. Los que han decidido desayunar tomando un bocadillo en la montaña, se apresuran a terminar y centrarse en la cacería. Pronto se escuchan los primeros “empaites” de los perros. Los perreros, a través de las emisoras, informan hacia qué linea empujan los perros. A los componentes de esta línea se les disparan los latidos de sus corazones y redoblan el alerta de sus sentidos. Suenan los primero disparos; si son lejanos, hay una cierta decepción “NO VENÍA HACIA AQUÍ”, piensa la mayoría. Los más próximos, aún, albergan la esperanza de que se haya producido un fallo y aún puedan ellos tener una opción. Por fin, a través de la emisora se informa: Era un zorro. Era un corzo, me pasó entre la maleza y se ha ido, Me pasó lejos y se marchos. Lo fallé, o bién, ya esta muerto. Si se da este último supuesto, se provocan las masivas felicitaciones. Si el mensaje es el de lo “falle”, son los perroros los que solicitan: “Parar perros e impedir que salgan del cazadero, por favor”. Parar los perros siempre es una tarea voluntariosa pero que no siempre resulta exitosa. La mayoría de las veces, el ímpetu de los perros es superior a los actos de pararlos y estos los burlan con facilidad para decepción de quien pretende pararlos y desesperación de los perreros.

Los “empaites” de los perros se seguirán escuchando, así como las informaciones de los perreros. Se oirán disparos e informaciones de como concluyó el lance. Tras cualquier lance, se produce la información a través de las emisoras. Así, al final de la jornada, se sabrá con más o menos exactitud, cuantos ejemplares se han cobrado. Al final, los perreros informan de la conclusión de la montería. Sus recorridos resacando han concluído. Comienza la última parte de la montería, la más complicada. Sacar las piezas abatidas para trasladarlas al punto de encuentro y culminar con las fotos reglamentarias. La montería ha terminado. A partir de aquí, sólo queda comentar y analizar todos y cada uno de los lances que se han producido en la jornada. Los afortunados, recibirán felicitaciones unánimes. Los menos afortunados, las bromas más refinadas. A los perreros, a veces, con la colaboración de algún voluntario, les queda la tarea de recoger todos los perros. Con frecuencia, bastantes perros salen de la cacería y persiguen a los jabalíes a lo largo de varios Km.; la recuperación de los perros dura horas, a veces días, en ocasiones, semanas. Todo ello, sin excepción, constituye Un día de Montería.

Tres vistas diferentes de cazaderos del Coto San Quilez de Estopiñan del Castillo, donde cazadmos durante varios años. Decidimos dejarlo al finalizar la temporada 2011 / 2012. Los perros acosan y persiguen los jabalíes por estos parajes. Volver a controlar todos los perros de una rehala es una de las tareas más difícil e ingrata de una montería.

 


             Vistas de los cazaderos de Tartareu. En este caso, el de Comallonga