Preciosa vista del cazadero de El Reguero, coto San Quílez, de Estpiñán del Castillo. Los cazaderos de Estopiñán del Castillo son impresionantes

 

Hemos decidido dejar el coto San Quilez de Estopiñan del Castillo. Tras bastantes años cazando como colla en este coto, hemos acordado dejarlo.

Este coto, tiene buenos cazaderos, inmejorable comunicación, una superficie ideal, acceso a los puestos sin excesivas dificultades y, normalmente, la densidad de jabalíes es buena o, aceptable.

Tres han sido los motivos que nos han llevado a tomar la decisión de dejarlo:

  • La falta de seguridad en las cacerías
  • El peligro de desintegrar nuestra sociedad
  • La mala organización de las batidas

Para nosotros, el tema fundamental, ha sido y sigue siendo, la seguridad en los puestos. La organización de las cacerías es vital. No hay seguridad sin una buena organización ni es posible la organización responsable sin tener en cuenta la seguridad en las batidas.

 Ya, en la asamblea de la Sociedad de Cazadores Bisaura, celebrada en abril de 2004, inherente a la temporada 2002/2003, se discutió el tema de la seguridad y la organización de las cacerías en Estopiñán del Castillo, como un tema muy preocupante. Desde aquella fecha hemos puesto nuestros cinco sentidos en intentar ayudar para dar una solución a esos problemas.

Conseguimos implantar el sorteo de las paradas. Así se evitaba cualquier privilegio de los que conocían más y mejor las escapadas de los jabalíes. Intentamos que los viernes por la noche se supiera el número de participantes en la montería del sábado para así poder elegir un cazadero adecuado. No lo conseguimos.

Fueron varios los temas que año tras año hemos puesto encima de la mesa:

  • Sortear las paradas, para que nadie escogiera, como era costumbre, la que le parecía mejor.
  • Señalizar las paradas con una placa. Así se evitaría poner puestos no controlados.
  • Exigir que el día anterior a la cacería, los responsables del coto, tuvieran constancia de cual sería el número de participantes, para así elegir un cazadero adecuado.
  • Exigir que los participantes en una cacería estuvieran presentes en el punto de encuentro a una hora determinada para poder hacer el sorteo.
  • Exigir que los que no estuvieran presentes en el punto de encuentro a la hora establecida, salvo que llamaran por teléfono y pusieran en conocimiento que llegarían más tarde y diciendo los participantes que venían con él, se podían sortear, si no, no podrían cazar ese día o, bien, se deberían colocar detrás de las líneas. Es decir, fuera de cacería.
  • Exigir que los perreros no dejaran sus remolques a menos de 200 metros de una parada y, más, si en el remolque dejaban un perro que, normalmente, se pasa toda la cacería ladrando.
  • Exigir que la suelta de perros se hiciera de una forma racional y no todos hacia una misma dirección.

Nada de esto hemos conseguido, salvo sortear las paradas cuando parecía que ya estaba todo el mundo en el punto de encuentro. Pero siempre llegaban varios rezagados que sabían que se colocarían en el centro del cazadero. En ocasiones, hasta invitados hacían uso de esta práctica.

Desde hace tiempo, año tras año, asamblea tras asamblea, hemos seguido analizando y acordando medidas para solventar estos problemas. No lo hemos conseguido.

Lo que sí habíamos conseguido  es que varios compañeros se dieran de baja de la sociedad por estos motivos.

Vista de Serra Amua, desde Perpella. Gran cazadero, buenos tiraderos e inmejorables vistas

José Gómez, el presidente de la Sociedad Deportiva de Estopiñán, es una persona incapaz de imponerse. Quiere contentar a todo el mundo, pero las consecuencias son las que se indican. Tal vez estos problemas son por su gran generosidad con todo el mundo. Se equivoca.

Un día, esta pasada temporada, nos reunimos con él en su casa, para exponerle, una vez más,  esta problemática. No escuchó. Es más, en un momento determinado nos dijo: Así se ha cazado durante 25 años y así se va a seguir cazando en este coto.

 No había dudas. José quería seguir el mismo sistema. Nosotros no. La solución era clara: O hacíamos valer nuestra mayoría en la sociedad y en la Junta Directiva de la Sociedad Deportiva de Cazadores de Estopiñan, o dejábamos el coto. Optamos por dejar el coto.

Haber hecho valer nuestra mayoría en la Sociedad y en la junta directiva, no era ético. José vive y siente el coto. No estamos de acuerdo con su forma de gestionarlo. Por tal motivo, decidimos dejarlo. Así lo ratificó nuestra asamblea, con un solo voto en contra y 4 abstenciones.

Tras 11 años cazando en Estopiñán del Castillo, hemos dejado a muy buenos amigos y compañeros. También a buenos conocidos del pueblo. Personas entrañables que llegamos a tener relaciones estupendas. Nuestra seguridad y tranquilidad han sido determinantes. Es por ello que decimos: Hasta siempre, amigos.

En Estopiñan del castillo hemos hecho grandes cacerías, como muestra la fotografía