Los maños de Sástago tambien se aplican

Buena compañía. Buen ambiente, excelente comida la que prepararon los “maños” en el refugio de caza de José Manuel Palacios. No se puede pedir más.

Efectivamente. El día 1 de ferero de 2013, unos cuantos componen-tes de la Sociedad de Cazadores Bisaura pusimos rumbo a Sástago (Zaragoza), para cazar ciervos y jabalíes los días 2 y 3 de febrero.

Concretamente, fuimos dos grupos: por un lado, Paco Reillo; Manolo Pereira; Pepe Salcedo y Paco Gamero. Por otro: Xavi Sañé, Mari Carmen Roca y Pedro Berjillos. Además, estos, se hacían acompañar por otros cazadores de la Vall D’Bas, de Girona, encabezando estos acompañantes Pedro Delgado y 2 cazadores más, que, a su vez se hacían acompañar por sus compañeras. El día 3, se incorporarían dos más de Vic, estos en solitario.

José Manuel Palacios, como en la ocasión anterior, nos había reservado habitaciones en el mismo hotel. Todo controlado. Las perspectivas?: Bueno, al día siguiente se preveía un fuerte viento y una bajada significativa de las temperaturas. Se cumplieron estas previsiones.

Así, el día 2, quedamos con José Manuel en su refugio a las 7,30 horas, para desayunar y preparar la cacería. La noche del día 1 al 2 llovió. El viento se dejó oír y las temperaturas por la mañana eran bastante bajas.

A las 7,45 horas, desayuno, a base de huevos fritos, panceta, longaniza y otros manjares ricos en colesterol. Café, copa para quien la quiso y a organizar la salida. A esa hora, el viento era huracanado.

Nos fuimos al coto, cargados de ilusión, a pesar de la meteorología. La ilusión jamás hay que perderla. A nuestro grupo nos colocaron todos juntos en la misma línea. Haber si había suerte.

 

 

 

 

 

 

Esta es la salida natural de los ciervos y jabalíes frente a la parada que le tocó a Paco Gamero. La salida era preciosa, pero, como se aprecia en los matojos más próximos, el vendaval huracanado era casi insoportable.

 

 

 

 

 

La Parte izquierda, de la parada, mirando la salida anterior. Inmejorable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La parte derecha, vista desde el montículo donde estaba situado Paco Gamero. Como se puede apreciar, es, sencillamente insuperable.

 

 

La siguiente parada, a la que ocupó Paco Gamero, estaba situada en el árbol que está en medio del campo. Le tocó cubrirla a Pedro Berjillos, quién se encargó de vigilar aquellos campos, acompañado de su compañera Narcisa.  Se vio obligado, como no, a soportar el huracanado viento.

A continuación de Pedro Berjillos, les tocó a Mari Carmen Roca y Xavi Sañé. En la anterior a la de Paco Gamero, estaba Manolo Pereira y antes, Paco Reillo y Pepe Salcedo. Los otros amigos de la Vall D’Bas, estan antes. No tuvimos suerte ninguno. Sólo Xavi dio buena cuenta de una zorra que osó hacerle una visita sin ser invitada.

El viento impedía escuchar los disparos y, a duras penas, se escuchaban las emisoras. El viento hacía silbar las ramas de los árboles y era imposible oir nada. Al finalizar la cacería nos enteramos que habían salido varios jabalíes y habían burlado los puestos. Alguno recibió el saludo de algún puesto, pero nada. Se consumó la porra. Sobre las 14,30 horas, orden de recogida y a comer.

 

 

 

 

El río Ebro, baja con un caudal impresionante

 

 

 

Nadie niega y, la foto superior es una prueba, que en las cacerías falte el “picante”

 

 


 

 

La cacería había sido “fallida”. La comida no

 

 

 

José Manuel Palacios, el “capo” de la caza del entorno, parece no estar de acuerdo con algo. Sólo es una “pose”; él quiere contentar a todo el mundo, más ahora que acaba de ser abuelo por primera vez ¡¡¡Felicidades, amigo!!!

 

 

 

  Narcisa y Pedro Berjillos disfrutando de la comida. Se lo pasaron “teta”.

 

 

 

 

Este ejemplar, parece ser que no es excesivamente bravo. Eso sí, deja claro que no le gusta que lo molesten.

 

       

 

 

Después de la “comilona”, cada uno la digiere lo mejor que puede, Paco Reillo, a la izquierda, con “Morféo”, pero no es el único, como demuestra la foto de la derecha.

                                      

Las señoras, aunque más discretas, como siempre, también necesitan digerir las judías y demás viandas de la comida. Así lo demuestran Mari Carmen Roca y compañía.

 

Cacería del día 3 de febrero de 2013. 

 

 El día 3 de febrero de 2013, nos dimos cita en el refugio de José Manuel Palacios, a las 7,15 horas, para salir hacia el coto de Sástago, donde, además de desayunar y comer a medio día, deberiamos hacer el sorteo de los puestos y posterior cacería de ciervos y jabalíes.

Llegamos puntuales y, sin pérdida de tiempo nos trasladamos al refugio de la Sociedad de Cazadores de Sástago. Un refugio inmenso en el que, además de tener dos chimeneas, disponen de cerveza de barril, otras bebidas, cocina, mesas comunitarias, bancos donde sentarse a las mismas, café, licores y, sobre todo, de compañeros dispuestos a arrimar el hombro para que no falte de nada a nadie. También dispone de un desolladero que pueden utilizar los cazadores.

Desayunamos copiosamente (Panceta a la brasa, salchichas, jamón, morcilla de burgos, productos de Vic, chocolate con coca, cafés y copichuelas). Tras ello, el sorteo de los puestos a lo que no pusimos demasiada atención. Después, Capri, Yeste, José Manuel y compañía, se encargaron de comunicarnos el resultado.

Antes del sorteo, se habían incorporado dos compañeros de Vic que venían con Xavi Sañé: Joan Pou (socio de Xavi) y Àngel. Estos  habían decidido madrugar y hacer el viaje por la mañana. Serían, al final, los grandes protagonistas de la cacería.

A Paco Gamero le tocó una línea separada del resto de sus compañeros de la Sociedad de Cazadores Bisaura. José Manuel Palacios se encargó de cambiar dicho puesto con otro de su colla y, así, casi todos juntos.

Bonita panorámica del cazadero.  A la izquierda del puesto de Paco Gamero. Esta salida sería, finalmente, la gran protagonista de la cacería. Los tres arbustos del centro lo cubrió Joan Pou, de Vic, uno de los que había llegado esa misma mañana. Era el puesto número 9. Entre ese puesto y el 11 que ocupaba Paco Gamero, estaba  Àngel, el otro compañero que se incorporó ese mismo día por la mañana.

Tras el desayuno y el sorteo, todos en marcha. Las paradas están numeradas en el camino, aunque después hay que ir hasta el monte, en línea recta (250 0 300 m.), para posibilitar que el tiro sea siempre una vez rebasados los puestos por la pieza. Ya no habrá peligro. Está prohibido tirar hacia dentro del cazadero y perpendicular a los otros puestos.

 

Bonita salida natural a la izquierda de la parada 11, ocupada, esta vez, por Paco Gamero. 

 

La otra parte de la parada de Paco Gamero. Aquí están los puestos 12, 13, 14 15 y 16. El 13, consiguió cobrar una cierva nada más empezar la cacería. Salió sóla, sin perros y sin que nadie la molestara, hasta que se encontró con el certero impacto del proyectil del cazador que ocupaba dicha parada.

 

Bonita salida entre el puesto 11 y 12. No bajó nada. Paco Gamero pensó que no estaría nada mal una parada más arriba, para controlar los pasos entre los dos montes. Pero, también pensó que los que organizan las cacerías ya lo deben tener estudiado todo, aunque desde fuera se pueda apreciar otra cosa, ya que los perros pasaban empeitando entre los dos montículos. 

La cacería comienza tirando la parada 13. Paco Gamero ve como la pieza acusa el impacto y no puede continuar su camino. Cae al suelo, pero sigue viva. El cazador intenta rematarla, cuestión que no  logra a la primera. Lo consigue a la tercera.

Poco después, Joan Pou, que según nos informó después, en ese momento estaba en otros menesteres, en la parada 9 dispara precipitadamente sobre un gran ciervo. También lo hace Àngel, el de la 10. El animal escapa. Paco Gamero empieza a morderse las uñas. ¿Como es posible que no se cobre ese animal entre los dos puestos?.

Se informa, a través de las emisoras que, unos puestos, cuando estaban intentando llegar a su sitio, se percataron de que 6 o 7 jabalíes corrían hacia el interior del cazadero, junto a 4, o 5 buenos ciervos. Nadie les pudo disparar porque aún no habían cargado sus rifles. Mala suerte.

Paco Gamero, un rato después, oye varios disparos hechos por Angel y Joan Pou. Ve como un gran ciervo escapa a toda velocidad y cruza el camino. Lo han vuelto a fallar. El animal sube una pequeña ladera y se detiene un momento junto a unos árboles. Paco no se resiste y le envía un saludo. Después, el telemetro le informaría que la distancia era de 425 metros. Demasiados metros para su pericia.

 Los árboles, en hilera de la montañita del fondo, a la derecha de la imagen, son los que eligió el ciervo para escapar y donde Paco Gamero intentó saciar su instinto de cazador. No lo consiguió. Los 425 metros que lo separaban era un problema demasiado grande para él.

 

Sobre las 13 horas, cuando la batida tocaba a su fin, se escucha a Paco Reillo por la emisora decir: “Entra una manada de 8 0 10 ciervos, a través de los campos”. Hacia allí miramos todos los que estábamos en esa línea. Efectivamente, la manada iba derechita a donde estaba Joan Pou. Dispara una, dos, tres veces. Todos los animales corren despavoridos. Una cierva se va cerca de donde había tirado Paco Gamero al ciervo a la distancia de 425 metros, por la base de la ladera que está a la derecha de los árboles por donde escapó aquél animal. Gamero no se lo piensa y le sacude una salva de tres disparos. El animal tiene dificultades para subir la pequeña ladera. Después se encontró rastro de sangre. ¿Quién le dio?. No se sabe, ni falta que hace, pues el animal se marchó. La distancia, esta vez, según el telemetro, era de 350 metros. Demasiados.

Poco después, orden de retirada. Era la hora de hacer el balance final. Recogida de trastos y rumbo al refugio. Los perreros a buscar a los perros que se habían marchado tras los ciervos, ayudados por otros compañeros.

Ya en el refugio, comprobamos que se habían cobrado nueve ciervos (Machos y hembras), un jabalí y un zorro. Se habían escapado alrededor de 20 ciervos. Sólo por la línea donde se encontraban los puestos que hemos comentado, se escaparon 11 o 12, tal y como hemos relatado. Las piezas cobradas, en verdad, no eran buenas, pero en honor a la verdad, es justo lo que nos merecíamos.

 

He aquí los dos primeros ciervos cobrados y el zorro, que llegaron al refugio, después de la cacería.

 

 

Cinco ciervos más, aún encima del remolque.

 

Otro detalle de los animales cobrados, aún también en el remolque.

Tomamos una cerveza, nos sentamos en la mesa y comimos ensalada, paella de arroz y un buen bizcocho relleno de nata, de postres. Cafés o carajillos y cada uno a su casa, no antes de despedirnos de la cuadrilla de Sástago, y agradecerles las atenciones para con todos nosotros,  y con quienes, partes de ellos, nos volveremos a encontrar el próximo sábado en Tartaréu.