Un día de MONTERÍA
Un día de MONTERÍA, habitualmente, más o menos, se desarrolla así:
Si la montería se va a realizar en Estopiñan del Castillo, el punto de encuentro es el Hostal Rural, situado en la entrada del pueblo. Entre las 7,30 y las 7,45 horas, invariablemente, los primeros en entrar en el mismo, son Jósé Gómez y Placido Forcat casi al unísono. A veces, entra primero Placido Forcat. Los recibe Ester quien les pregunta que les apetece desayunar. Los dos son buenos comensales. Sentados en la misma mesa, comienzan a hablar de las posibilidades de las distintas zona. Pronto se irán incorporando a esa mesa otros cazadores (Franco, Pepe de la Marisa, Banzo, Solsona, Manolo Pereira, …), hasta que no caben más en la mesa. Alrededor de las 8 horas empiezan a llegar la mayoría. Se saludan entre ellos y, bastantes, optan por desayunar (Huevos fritos con bacom, huevos fritos con panceta u butifarra, longaniza a la brasa y cualquier otra cosa “baja” en colesterol. Otros se conforman con un cortado y una copita mientras esperan, dado que, estos, los menos glotones, se llevan un bocadillo al puesto.
A las 8,10 horas el bullicio es palpable. Todos preguntan ¿Hoy donde cazamo?. No obtienen respuesta. Primero hay que saber el número de monteros, cuantas rehalas de perros hay y donde se han visto más rastros. Nadie se impacienta.
A las 8,15 horas, más o menos, Paco Gamero tira de lista y recuenta los que están presentes. Pide ayuda a Enrique Negre y José Gómez. Paralelamente, Franco Daminguez, entrega un papelito a cada unon de los que llevan coche para que anoten cuantos irán con él en dicho coche. Esto sirve para hacer el sorteo de las paradas y evitar que los que van en un mismo coche les toquen puntos dispares en el sorteo. Un buen rato después, se sigue sin saber el número total de los que van a participar en la montería ni, posiblemente, el cazadero. Empiezan a llegar los perreros. A partir de aquí se define el cazadero.
Una vez decidido el cazadero, se definen las líneas, o armadas, y a partir de aquí, quienes serán los colocadores de todas las paradas de cada línea. Una vez se sabe el número de puestos de cada línea o armada, se procede al sorteo. Previamente, los coches donde van los colocadores, se apartan del resto. Se da comienzo al sorteo, cogiendo, una mano “inocente”, un papelito correspondiente a los colocadores. Ya tendremos una línea que tiene un determinado número de puestos. Otra mano inocente va cogiendo papelitos de los que no son postores (Donde se van anotando el número de puestos de menor a mayor), hasta completar el número de puestos de la línea o armada. Se vuelve a reptir la acción tantas veces como líneas tenga la cacería. Normalmente no más de 4 o 5. Una vez llegados a este punto, algunos caen en una latente desorientación. No se han enterado con quien le ha tocado. Finalmente, cuando se les indica que consulten a los 4 o 5 colocadores terminan sabiendo por donde irán y, a buen seguro, el próximo día volverá a desayunar como hoy y, ya se enterará, donde y con quien le toca.
Por fin se ponen en marcha los “todo terrenos” y en perfecta carabana se van distribuyendo por la montaña. Los posteres van dejando a cada uno en el sitio que le tocó en el coche que lo trasladó. En un tiempo de alrededor de 45 minutos, culmina la colocacion de los puestos. Es la hora de la verdad. A través de las emisoras, los colocadores informan al responsable del coto, o de la cacería, que el proceso de colocación de paradas ha concluido. Este, informa a los perreros de que pueden empezar. Ellos han utilizado este tiempo colocando collares y radiotransmisores a los perros. Por fin sueltan los perros en distintos puntos del cazazadero escogido extrategicamente, Los ladridos de los perros retumban en la montaña. Los monteros, centran sus cinco sentidos en la montería. Especialmente el oído y la vista. Ya han escogido el mejor sitio de su puesto para poder responder con garantías cualquier lance que se le presente. Los que han decidido desayunar tomando un bocadillo en la montaña, se apresuran a terminar y centrarse en la cacería. Pronto se escuchan los primeros “empaites” de los perros. Los perreros, a través de las emisoras, informan hacia qué linea empujan los perros. A los componentes de esta línea se les disparan los latidos de sus corazones y redoblan el alerta de sus sentidos. Suenan los primero disparos; si son lejanos, hay una cierta decepción “NO VENÍA HACIA AQUÍ”, piensa la mayoría. Los más próximos, aún, albergan la esperanza de que se haya producido un fallo y aún puedan ellos tener una opción. Por fin, a través de la emisora se informa: Era un zorro. Era un corzo, me pasó entre la maleza y se ha ido, Me pasó lejos y se marchos. Lo fallé, o bién, ya esta muerto. Si se da este último supuesto, se provocan las masivas felicitaciones. Si el mensaje es el de lo “falle”, son los perroros los que solicitan: “Parar perros e impedir que salgan del cazadero, por favor”. Parar los perros siempre es una tarea voluntariosa pero que no siempre resulta exitosa. La mayoría de las veces, el ímpetu de los perros es superior a los actos de pararlos y estos los burlan con facilidad para decepción de quien pretende pararlos y desesperación de los perreros.
Los “empaites” de los perros se seguirán escuchando, así como las informaciones de los perreros. Se oirán disparos e informaciones de como concluyó el lance. Tras cualquier lance, se produce la información a través de las emisoras. Así, al final de la jornada, se sabrá con más o menos exactitud, cuantos ejemplares se han cobrado. Al final, los perreros informan de la conclusión de la montería. Sus recorridos resacando han concluído. Comienza la última parte de la montería, la más complicada. Sacar las piezas abatidas para trasladarlas al punto de encuentro y culminar con las fotos reglamentarias. La montería ha terminado. A partir de aquí, sólo queda comentar y analizar todos y cada uno de los lances que se han producido en la jornada. Los afortunados, recibirán felicitaciones unánimes. Los menos afortunados, las bromas más refinadas. A los perreros, a veces, con la colaboración de algún voluntario, les queda la tarea de recoger todos los perros. Con frecuencia, bastantes perros salen de la cacería y persiguen a los jabalíes a lo largo de varios Km.; la recuperación de los perros dura horas, a veces días, en ocasiones, semanas. Todo ello, sin excepción, constituye Un día de Montería.
Tres vistas diferentes de cazaderos del Coto San Quilez de Estopiñan del Castillo. Los perros acosan y persiguen los jabalíes por estos parajes. Volver a controlar todos los perros de una rehala es una de las tareas más difícil e ingrata de una montería.
Saber lo básico
Un grupo de compañeros y amigos se fotografían con 6 magnificos ejemplares de jabalí cobrados en el coto de Estopiñan
Cazar el jabalí en la modalidad de “BATIDAS” (Y otras modalidades), no es coger el arma, situarse en el puesto que te toca o te asignan y esperar a que pase un ejemplar. No, cazar el jabalí es más complejo.
En primer lugar deberemos estar en posesión de toda la documentación en regla y vigente. Es decir: licencia de armas, guía del arma que portemos, licencia de caza, seguro del cazador, licencia federativa y tarjeta que nos autorice a cazar en el coto donde nos encontremos. Esto es básico, pero ni mucho menos suficiente. Tenemos que saber mucho más y, después, tambien adquiriremos experiencia.
Es básico saber que tipo de munición podemos utilizar. También es basico saber los límites del coto donde cazamos, donde se encuentran las paradas o puestos más próximos a nosotros, la dirección en que se encuentren zonas habitadas, granjas o rebaños de animales, etc. Estos aspectos tan básicos, son importantísimos observarlos excrupulosamente. Disparar con munición inadecuada puede ocasionar daños a la agricultura, a los perros y a otros componentes de la cacería. No saber los límites del coto y donde están situados los compañeros más proximos puede ocasionar accidentes que lamentaremos toda la vida. Disparar en dirección a otros cotos puede poner en peligro a otros cazadores o personas que estén desarrollando otra actividad; disparar en dirección donde se ubican otros compañeros es una gran temeridad. Renunciar a cobrar una pieza si se pone en peligro a personas o a otros animales es mucho más valioso que lamentar un accidente.
Pero aún hay otras muchas cosas básicas que hay que tener en cuenta. La primera es no moverse del puesto bajo ningún concepto, si antes no se ha puesto sobre aviso a los compañeros más próximos y tenemos la certeza absoluta que se han enterado de nuestra intención de desplazarnos: En segundo lugar, no disparar jamás, si no se ve la pieza. Tirar sobre matojos que se mueven puede significar el matar a un perro, otro animal, e incluso a alguna persona. Tambien hay que tener en cuenta, siempre, ponerse una pieza reflectante o de color vivo (Caleco o gorra), a los efectos de que los compañeros más próximos y los perreros nos puedan ver con facilidad; igual que nosotros a ellos. Los jabalíes no detectan este tipo de prendas dado que son dantónicos y no distinguen los colores, por lo que el uso de estas prendas no perjudica en absoluto el desarrollo de las cacerías.
Guardar silencio absoluto, no llevar productos o comida que desprendan olor (Como por ejemplo colonias o quesos curados), son factores a tener muy en cuenta. El oído y el olfato del jabalí son los sentidos más desarrollados de estos animales, y en los que sustenta en gran parte su seguridad.
Esta fotografía es una muestra real del resultado de una gran cacería
También es básico ayudar a sacar los animales muertos del monte y esperar a la finalización de la cacería para marcharnos. Asimismo es importante tratar de impedir que los perros se marchen por el rastro de un jabalí que hemos fallado. Si se escapan los perros tras el rastro de un jabalí, provocan dos grandes problemas: Uno. Los perros pueden correr varios Km. tras el jabalí y, este podría cruzar carreteras y provocar accidentes. Los perros una vez avandonen la persecución, quedarán perdidos y desorientados en el monte, causando graves problemas asus propietarios para recuperarlos. A veces tardan varios días en encontrarlos. Otras veces no los recuperan todos. Dos; al pasar los perros descontrolados de un cazadero a otro ladrando tras el jabalí, provocan que los jabalíes que están en esa zona se marchen inmediatamente, lo que supone estropear una posible cacería en esa zona-
Con los años, conseguiremos experiencia. Esa que no se aprende en ningún libro ni folleto. Llegaremos a saber cual va a ser la actitud de un jabalí cuando lo levantan los perros, dependiendo del tamaño del jabalí, la dirección del viento y la orografía del terreno. Pero eso ya son palabras mayores y conceptos que en modo alguno podemos considerar como básicos.
Concluir una cacería con este resultado es, secillamente impresionante
LA TEMPORADA 2009 – 2010
La temporada 2009 / 2010, fue una temporada muy buena. Cobramos 152 jabalíes (Contando los que consiguieron las otras Collas que cazan con nosotros en otros cotos), lo que no está nada mal. Quien más se lució fue Pepe Salcedo. Consiguió cobrar 5 jabalíes a lo largo de la temporada. Eso sí, falló otros tantos, pero el hombre, como muestra la fotografía, era feliz. Eso es lo importante.
La temporada, tambien, estuvo jalonada por el mal tiempo. Debimos suspender alguna cacería. Pero globalmente fue una temporada estupenda.
Conseguimos adjudicarnos, a través de la SOCIEDAD DEPORTIVA DE CAZADORES DE ESTOPIÑAN, El coto de San Quilez, de Estopiñan del Castillo. No fue fácil, pero al final, lo conseguimos.
El último domingo de febreo de 2010, concluyó, oficialmente, la temporada de caza del jabalí. De hecho, la Sociedad de Cazadores Bisura puso fin a la organización de monterías. No obstante, sus miembros continuaron cazando en otros cotos y zonas, a título personal o encuadrados en otras “collas”. El sábadado, día 27 de febrero, ya celebramos la tradicional, comida de fin de temporada que, como siempre, fué muy entrañable. Como Sociedad, sólo nos quedaba la cacería del domingo día 28. La hariamos en el coto de Tartareu, conjuntamente con el de Vilamajò.
Nevada, en Saganta (Estopiñan del Castillo). A la izquierda, Placido Forcat y Paco Reillo, se fotografían, junto a un invitado, tras los cuatro jabalíes cobrados aquella jornada.
EL JABALÍ Y LA AGRICULTURA
El JABALÍ. Dueño y señor de los montes y azote de los campos de cultivo. Este animal es tremendamente voraz en las huertas y los campos de cereales, el maiz, las avellanas y las almendras. Devora y, destroza mas que devora, los campos de patatas, la vid, melones y sandías. También visita asiduamente los frutales. Las raices y los brotes tienos constituyen un manjar para ellos. Se prolifera con muca facilidad ya que, tienen más de una camada al año.
Los agricultores, temen la visita de una manada de estos animales a sus cultivos. Pero estas visitas son cada vez más frecuentes y, las consecuencias, cada vez más evidentes.
Estos animales están dotados de un sentido del oído y del olfato excepcional. Son muy astutos y detectan el peligro de forma prodigiosa. En España no tienen depredadores naturales, salvo el lobo, en zonas muy reducidas de nuestra geografía, pero estos, además, prefieren buscar piezas menos peligrosas para su alimentación. Efrentarse al colmillo del jabalí no es demasiado agradable,
El jabalí es muy temeroso de los perros. Huyen cuando detectan su proximidad. Pero no dudan en atacarlos cuando se siente acosado. Los jabalís suelen causar graves heridas a los perros cuando estos los acosan, llegando en muchos casos a provocarles la muerte.

ATAQUE DE UN JABALÍ A UN PERRO
La proliferación de la población de jabalíes, es un verdadero problema para la agricultura. Estos animales, al no tener depresadores naturales que controlen la expansión de su especie, son cada día más abundantes. El lobo es el único
depresador natural en nuestro país, pero este está practicamente desaparecido en la mayor parte del territorio y, allí donde existe algna manada, prefieren alimentarse de capturas más fáciles que la que supone enfrentarse al temible colmillo del jabalí.
PAREJA DE JABALÍES APAREANDOSE
CAMADA DE JABALÍES MAMANDO DE SU MADRE
Los cazadores, son los únicos que limitan la imparable expansión del jabalí. Pero estos, en la mayor parte del territorio español en general y en Catalunya en particular, estan soportando todo tipo de presiones: administrativas, de imagen, económicas, etc.
Las administrivas, se enmarcan en la imposición de todo tipo de travas y cortapisas. Desde permitir que cada comunidad autónoma tenga la potestad de emitir las licencia de caza de su comunidad (Obligando así al cazador a tramitar un buen número de licencias), pasando por la imposición de medidas desorbitadas para el control, tenencia y el traslado de rehalas de perros y armas. Ampararse en las normativas de la E.U., no siempre se ajustan a la realidad.
El “celo” de los agentes de MEDIO AMBIENTE, tampoco se justifica en la mayoría de los casos. Irrumpir en medio de una MONTERÍA para comprobar si los participantes están legalmente documentados o si utilizan munición o cargadores prohibidos, o bien llevan el “pinganillo” de la emisora colocado en la oreja, es un acto desproporcionado. Por varios motivos: el primero porque ese día se rompe la cacería. En segundo lugar por el peligro que conlleva este acto y el consiguiente nerviosismo que se provoca entre los participantes al ser conscientes del peligro que esto conlleva. En tercer lugar, porque esta práctica de supervisión, la podrían realizar antes de comenzar la cacería. O al concluir la misma. También podrían recurrir a los responsables de la cacería, que como tal, es el más interesado en que todos los participantes lo hagan dentro de la normativa legal.
Pero hay más. Cada vez más (En gran medida por la densidad de jabalíes), hay más accidentes de tráfico en las carreteras que cruzan los cotos. Cada vez más, hay sentencias de los tribunales que condenan a los titulares de los cotos a indemnizar a los conductores afectados, aunque el accidente se produzca un día que no se caza en la zona. Cada año, las primas de los seguros són más elevadas. El MOPU, cada vez menos, nos hace caso cuando solicitamos que ponga señales de peligro informativas y de limitación de velocidad en los tramos de carretera que coinciden con los cotos. Los reponsables de este Ministerio deben pensar que este, en cualquier caso, es un problema que no les afecta. A ellos no. A los conductores y cazadores, sí.
Por último, los ayuntamientos. Estos, la mayoría, son los que acreditan la titularidad de las zonas de aprovechamiento cinegético. Creen que los ingresos que pueden obtener de la caza les resolverán un sin fin de problemas. Hasta la fecha, han cobrado precios desorbitados. Pero los cazadores nos empezamos a cansar. Nos damos cuenta que sólo tenemos responsabilidades, casi ningún derecho. Demasiadas obligaciones.
Si a pocos años vista no cambia la actitud de la administracción (Estatal, autonómica y local), es muy posible que se encuentren con sorpresas. En Catalunya, muchos somos los que estamos afincándonos en cotos de otras comunidades limítrofes, por no poder soportar el cerco al que nos tienen sometidos. Cerco configurado por temas económicos, legales y de imagen. La imagen de los cazadores en los medios de comunicación y escuelas cada vez está más deteriorado. Cada vez se considera, herróneamente, al cazador, el enémigo número uno del medio ambiente y la naturaleza. Es por ello que, igual que salimos de nuestra comunidad para encontrar sitios más agradables, podremos salir del país. Existen países europeos y norteafricanos que nos recibirán con los brazos abiertos y los costos, si los sopesamos todos, no serán muy diferentes. Eso sí, los ayuntamientos se van a quedar sin su MANÁ. Los agricultores se verán privados de los únicos que hoy por hoy ponen límites a los jabalíes que tantos daños les causan en sus cultivos, y alguien tendrá que hacerse cargo de los acciedentes de trafico provocados por los jabalíes.
A la vuelta de pocos años, no será extraño que los ayuntamientos sean los que contraten, y paguen, a sociedades de cazadores para que eliminen y ahuyenten a los jabalíes de sus téminos. A la administracción central y autonómica, a indemnizar a los agrucultores por los extragos que causen los jabalíes en sus cultivos. Esa será, irremediablemente, la consecuencia de tanta persecución y falta de parcilalidad y explicación a los jóvenes. Sabemos que somos una de las últimas generaciones de cazadores, si no se cambia radicalmente la extrategia cultural. La alternativa, o bien es la reintroducción del lobo a gran escala (Que acarreará otros problemas más serios), terminar con las conclusiones que anteceden, o bien, ser inteligentes, y formar a los jóvenes desde una óptica seria, ecologista y sin tergiversaciones ni manipulaciones.
Caza del Corzo
En el coto San Quilez, de Estopiñan del Castillo, es posible cazar el corzo al “rececho”. De hecho, José Gómez, el presidente de la sociedad deportiva de Estopiñan, adjudicataria del coto, ha vendido varias anillas. Este año, ya está el cupo completo, salvo que alguien renuncie. Quién esté interesado puede contactar con José Gòmes en el telf. 689 47 66 72.
El mes de mayo es la época del año donde se pueden observar la mayoría de las especies que buscan los bosques y los montes para esconderse. Cuando salen, lo hacen a última hora de la tarde o con la primera luz del día, a excepción de lugares donde no se les moleste. En cuanto hay demasiada luz o aumentan las temperaturas inmediatamente buscan refugio. Por ello se considera que este es el mejor mes para la Caza del Corzo.
El Corzo es un animal tímido, cauteloso, extraordinariamente forestal, crepuscular y muy nocturno. El cazador utiliza dos técnicas: aprovecha la salida del animal a la siembra en zonas con mayor insolación, o hace uso del reclamo manual. Gracias a este segundo sistema se consigue que el ejemplar entre a tiro, aprovechando el celo.
El celo en el corzo es bastante irregular ya que sufre importantes variaciones de fecha. Hay años en los que esta especie acude inmediatamente al pitido realizado por el cazador. Hay dos sistemas: el butolo y los bucales. El primero de ellos tiene la forma de una pera de goma que al apretarse emite un grito similar al que realiza la hembra. Por su parte, el otro es más sencillo y eficaz. Se trata de un silbato con un tornillo que se modula para reproducir el grito de angustia de una cría o corcino. Con ello se consigue que acudan la madre y, en ocasiones, el macho.
Sociedad de Cazadores
La Sociedad de Cazadores Bisaura esta formada por un grupo de personas amantes de la Caza y concretamente de la caza del jabalí. Es una entidad deportiva privada, sin ánimo de lucro inscrita en la SECRETARÍA GENERAL de L’ESPORT, de la Generalitat de Catalunya, el día 03 de septiembre de 2001, con el núm. 11.274.
En Asamblea General Extraordinaria, por unanimidad de los socios, se acordó una nueva redacción de los Estatutos, para adecuarlos a la normativa legal vigente,
Promueve como principal actividad deportiva todas las modalidades de caza y está federada en la Federación Catalana de Caza. El funcionamiento de la SOCIEDAD se rige por principios democráticos y representativos, y la soberanía plena reside en la Asamblea General.
Anatomía del Jabalí
La anatomía es una de las partes importantes para la caza ya que sin ella sería casi imposible y a la vez al disparar si diéramos en la posible presa, “el jabalí”, sería uno afortunado. Por esta y razones deportivas es una obligación del cazador conocer su anatomía, para luego de una salida no nos lamentásemos si dejamos una presa herida y perdida.
Un jabalí grande no ha de ser forzosamente un jabalí viejo. Cuando son jóvenes, su edad se aprecia de seguida, por el color de la piel y su tamaño reducido. Para saber con certeza la edad, deberemos mirar su dentadura, la cual nos dirá con bastante aproximación la edad, dado que hasta los tres años, los dientes de los jabalíes crecen gradualmente. En el caso de los jabalíes machos, existen fórmulas para calcular la edad midiendo en dos lugares la anchura máxima de las navajas.
Para saber la edad de un jabalí macho, procederemos de la siguiente manera: tomaremos la medida ” A” justo donde acaba la marca de la amoladera y luego la medida “B” en su lugar más ancho. La siguiente tabla de valores nos proporcionará los años bastante aproximados del jabalí.
A/B = 1,8 El resultado es una animal joven ( 1 año )
A/B = 1,2 El resultado es una animal de edad mediana ( 3,5-4 años)
A/B = 1 El resultado es de un animal viejo ( más de 7 años )
Teniendo esta tabla de valores, los datos intermedios son fáciles de calcular con cierta aproximación.
Entre los 6 y 24 meses, los dientes incisivos, los caninos y los premolares nº 2,3 y 4 proceden a los dientes de leche. Cuando el jabalí alcanza la edad de 10-12 mese, este tiene un total de 36 piezas de dientes. A a partir del año, alcanza la cantidad de 40 piezas . A partir del año y medio se cambian los premolares n º 2,3 y 4 . A partir de los dos años, aparece el tercer premolar. Su crecimiento durará hasta los tres años, es a partir de esta edad cuando el jabalí presenta todas sus piezas con un total de 44 dientes.
Caza del Jabalí al acecho
Existen diferentes modalidades para la caza del jabalí, la elección depende del tipo de terreno, la cantidad de cazadores, la participación de perros, las leyes del país y las preferencias personales del cazador.
Vamos a explicar en este artículo algunos aspecto de la caza al acecho, aguardo o emboscada, la más común de las técnicas requiere paciencia, resistencia a las inclemencias climáticas y, por sobre todas las cosas, no es para personalidades ansiosas.
El acecho, consiste en algo más que apostarse en un lugar de nuestro agrado, esperando que la suerte nos regale una buena piezas. Aguardar exige del cazador saber como, cuando y dónde apostarse, y en particular como sobrevivir las condiciones del aguardo, que puede ser prolongado, en ocasiones bajo condiciones climáticas adversas.
No cualquier lugar es bueno para armar un apostadero. Hacerlo, por simple que parezca, tiene sus secretos. No menos importante es el poseer una noción de cuando y hasta cuando apostarse. A esto se le suma el hecho de que el jabalí es capaz de desplegar una asombrosa cantidad de trucos para evitar caer en una emboscada, trucos y mañas que el cazador debe conocer para poder anticipar sus movimientos y evitar el esquinazo.
Costumbres del Jabalí
Basados en el comportamiento del jabalía, intentaremos diseñar una estrategia de caza coherente. Existe el clásico cebadero montado con maíz sobre una pequeña charca. El apostadero sobre uno de los árboles en el fondo es apenas perceptible.
El jabalí es un animal lleno de virtudes. Entre las más notorias tenemos las siguientes; taimado, rencoroso, paciente, audaz, ágil, tozudo, inteligente, valiente y desconfiado, pero por sobre todas las cosas, con un olfato y oído muy superior a los nuestros. No tiene una visión nocturna de águila, pero se supone que la diurna no es tan mala como se suele decir.
Su hábitat preferido es el de los montes bajos, de hojas caducas, achaparrados y sucios por debajo. En este lugar el jabalí es rey, pero no desprecia otras áreas inaccesibles y de poca o ninguna densidad humana. Si dentro del monte existen fuentes de agua es probable que el animal nunca abandone el lugar. Si lo hace será de noche, y sólo por motivos como comer, beber, asearse en un revolcadero ó por la presencia de una hembra en celo. Estos dos datos deben de ser tenidos muy en cuenta, ya que forman los pilares de la estrategia de la caza de acecho.
Hábitos de Alimentación
El jabalí es un verdadero omnívoro capaz de ingerir raíces, bulbos, frutas de cualquier tipo, granos de trigo, maíz, cebada y avena, hortalizas y otros animales, vivos o muertos, incluyendo insectos, víboras, peces y crustáceos.
Esto debe de ser tenido en cuenta en todo momento, ya que todos aquellos lugares donde se encuentren estos potenciales alimentos son aptos para montar un acecho.
La evolución del color de pelambre del jabalí es la siguiente. Hasta los seis meses de edad presentan un color rojizo a rayas blancas, color del cual deriva el nombre de rayones. Luego sus cerdas se van tornando rojizas, y al año pasan a ser lo que se conoce como bermejos. De allí en mas su pelambre comienza a tornarse mas obscura hasta alcanzar su color definitivo que puede ser negro, marrón obscuro, gris con la punta de las cerdas mas claras o de una tonalidad color canela. En todos los casos las cerdas del lomo son mas obscuras que las del resto del cuerpo.
El diseño anatómico del jabalí le da la apariencia de un robusto cilindro de punta cónica montado sobre cuatro fuertes y cortas patas, con un poderoso tren delantero y anchos hombros, rematado por una aguda jeta. Todo el conjunto se halla recubierto de una piel gruesa y resistente en comparación al tamaño y peso del animal.
La mayoría de los cazadores tiende a pensar que el jabalí presenta una resistencia anormal al impacto, lo cual es un error. Sí bien los machos presentan un engrosamiento de la piel en la zona pectoral, del cuello y de los hombros, el mismo es incapaz de oponer una resistencia coherente a cualquier proyectil moderno. El jabalí esta considerado desde el punto de la caza mayor como un miembro mas del grupo de los animales de piel blanda y no peligrosos.
Cuando es necesario cubrir terreno sucio rápidamente, el jabalí simplemente busca los matorrales más densos y si es posible con espinas, apunta hacia delante y horada una túnel, dejando atrás, cansado y malherido, a cualquier perseguidor, ventaja que emplea sabiamente buscando las zonas más impenetrables para residir. Por ello, y porque rara vez se deja ver durante el día, intentar atraparlo al rececho, o de a pié y sin perros en estos lugares tiene un destino incierto, por no decir que es una pérdida de tiempo.
El jabalí tiende a desplazarse siempre bajo cobertura y con las sombras. Su estrategia consiste en moverse despacio, utilizando en todo momento el viento para detectar el peligro, y con su oído funcionando en el máximo grado de alerta. En estos dos sentidos esta basado su sistema de detección del peligro, ya que si bien su visión diurna no es mala, la nocturna deja mucho que desear.
Siempre se dijo que poseen una mala visión. Últimamente se ha cuestionando esta idea, y se piensa que la visión diurna de estos animales puede ser similar a la del humano.
Esta estrategia de detección del peligro y evasión, si bien altamente efectiva, presenta puntos vulnerables; el hambre y/ó el deseo sexual, y el hecho de que el jabalí depende de la emisión de olores o sonidos por parte de sus enemigos para poder detectarlos. Y estas fisuras son las que se pueden aprovechar a favor. Pero para ello es preciso poder atraerlo hacia un lugar abierto utilizando algún señuelo, donde la ventaja visual esté de lado del cazador, apostándose fuera del alcance de su olfato y oído.
Cebaderos y Señuelos.
Para lograr sacar al jabalí de su escondite se le puede tentar con comida, bebida ó sexo, aunque un buen baño de lodo con gasoil, aceite quemado o algún insecticida, da buenos resultados, aunque no en cualquier época del año o lugar.
Con referencia a éste último método, el empleo de insecticidas o sustancias irritantes cómo el gasoil, funciona mejor en aquellos territorios cálidos infestados por parásitos de la piel, y cuando los animales se ven más afectados por las pulgas y otros insectos, esto es al comienzo de la primavera, que es cuando las larvas hacen eclosión.
La técnica consiste en simplemente arrojar el elemento escogido y mezclarlo con agua y tierra, preferentemente cerca de algún comedero o fuente de agua, aunque lo suficientemente retirado como para no contaminarlos.
El señuelo, sea cual fuera el elegido, debe de estar ubicado en lugar abierto que puede ser cerca o dentro del monte. El jabalí que se sabe perseguido no es animal de praderas abiertas. Ese mismo lugar debe dejarnos espacio como para montar un apostadero a una distancia variable entre 40 y 100 metros, de manera que le resulte difícil ventearnos o escucharnos. Por esto la locación escogida debe de contemplar la dirección del viento y en lo posible estar sobre elevada.
El señuelo empleado más frecuentemente es la comida. Esto puede ser desde granos de maíz hasta la carcasa de un animal muerto. De estos dos, el maíz es el más práctico y no requiere de un período de “estacionamiento” como ocurre con la carne, además de ser más fácil de manipular.
En cualquiera de las dos circunstancias, lo que se busca es un mayor tiempo de exposición por parte de los animales a nuestra mira, además de obligarlos a presentarnos distintos ángulos de tiro y diferentes condiciones de luz. La intención es simplificar al cazador la elección de la presa y el proceso de puntería.
Una vez hecho el pozo, de una treinta a cuarenta centímetros de profundidad se arroja un puñado de maíz dentro del mismo y se lo cubre con la tierra extraída. Durante la construcción del cebadero hay que recordar de no dejar colillas de cigarrillos en los alrededores, evitar hacer ruido y de alimentar estos cebaderos diariamente, hasta que los animales comiencen a utilizarlos.
Estos tres puntos son de importancia, en especial el último. Armar un cebadero nuevo y apostarse esa misma noche a cazar, es una excelente receta para el fracaso. Es necesario darle tiempo al animal para descubrir el tesoro y acostumbrarse a visitarlo entrando sin recelo.
Antes de que nuestro desconfiado amigo comience a comer con regularidad en el lugar, lo investigará a fondo, desde lejos y sin mostrarse, para estar seguro de que no hay trampas. Y esto puede tomar su tiempo. No hay que olvidar que es desconfiado.
Pero una vez que lo ha comenzado a visitar, se puede contar con su puntual asistencia. Si hay algo que el jabalí tiene es una buena memoria. Una vez que encontró comida, no olvidará el lugar. Y esa gran memoria es la oportunidad del cazador y la desgracia del macareno. Pero aún conociendo el emplazamiento de la comida, por el sólo hecho de encontrarse la misma en un espacio abierto hay ciertas reglas que no quebrará.
Esas reglas serán tratadas en el artículo trataremos y sobre las formas de engañar a estos astutos animales.

































